Es difícil que alguien no haya visto o escuchado sobre “Cheaters”, conocido en América Latina como “Infieles” o “Tramposos”, el popular programa de televisión estadounidense de formato reality show que se estrenó en el año 2000. Los capítulos mostraban gente que contrataba detectives privados para investigar las infidelidades de sus cónyuges. En la era del desarrollo digital se produce una paradoja: así como hay nuevos mecanismos para facilitar los vínculos de pareja, también es más fácil pillar a quien es infiel.
La comunicación digital facilita de manera drástica descubrir la infidelidad. Las interacciones digitales, sentimentales “legales” o “ilegales”, no hacen diferencia y dejan un rastro digital masivo y difícil de borrar por completo. Notificaciones en la pantalla de bloqueo, archivos adjuntos guardados automáticamente en la nube (iCloud, Google Photos), historiales de búsqueda y copias de seguridad de aplicaciones de mensajería (WhatsApp, Telegram, Instagram).
La lista sigue con el rastreo GPS, historiales de ubicación (Google Maps, servicios de "Encontrar mi dispositivo"), registros de llamadas o la hora de "última conexión" y estado "en línea", llevaron a cambios de conducta tecnológica. El intento de ocultar la actividad (cambiar contraseñas repentinamente, poner el teléfono boca abajo, borrar chats compulsivamente o bloquear el dispositivo con nuevos patrones) suele ser la primera señal de alerta que despierta la sospecha en la pareja.
Transformación
La era digital ha transformado la infidelidad: no solo creó nuevas formas de interacción (micro-engaños o infidelidades virtuales), sino que convirtió al teléfono móvil en el principal detector de evidencias. Los investigadores de gabardina y lupa no es que quedaron desempleados, puede que su campo de acción se redujo debido a la tecnología, pero también, si son astutos, aplican esas herramientas modernas a su favor.
Pasaron de ser detectives de calle a peritos informáticos (recuperación de chats borrados, análisis de spyware o rastreo de cuentas falsas). La gente suele hacer la "investigación casera" primero a través del teléfono y, si les queda alguna duda presencial, recién ahí contratan al detective. En cierta manera, la tecnología democratizó el espionaje y jubiló a la investigación clásica.
Números aproximados
No existen estadísticas gubernamentales ni censos oficiales sobre la infidelidad en el mundo. Los gobiernos no miden este comportamiento en sus registros de población, por lo que los datos disponibles provienen de estudios universitarios, encuestas sociológicas privadas y consultoras.
Mediante las investigaciones destacadas, como el General Social Survey de la Universidad de Chicago o el Institute for Family Studies, se puede estimar los patrones globales: en matrimonios, entre el 15% y el 25% de las personas casadas admiten haber sido infieles físicamente en algún momento de su relación. Si se incluyen los vínculos afectivos o románticos sin contacto físico (flirteo constante, confesiones íntimas a un tercero), la cifra asciende al 35% o 45%.
Viralizados
Existen numerosos reportes de prensa y casos virales que muestran cómo plataformas o dispositivos que usamos todos los días —y que no tienen nada que ver con aplicaciones de mensajería— han terminado exponiendo secretos de pareja. Las plataformas menos pensadas parecen inofensivas, pero se convierten en los peores enemigos de los secretos. El caso de TripAdvisor, es conocido porque una mujer descubrió la doble vida de su prometido al ver una reseña que él había dejado en el buscador elogiando un hotel boutique y mencionando lo mucho que "a su esposa" le había gustado la estancia, cuando ella jamás había pisado ese lugar.
Las listas musicales de Spotify permitieron detectar engaños simplemente al notar que sus parejas creaban listas de reproducción colaborativas o románticas con usuarios desconocidos, o al ver en la actividad en tiempo real qué tipo de canciones escuchaban a altas horas de la noche.
Un caso que se hizo muy popular en Reddit y fue recogido por Clarín narra cómo una mujer descubrió que su esposo metía a alguien más a la casa al revisar el historial de pesos "sin asignar" en su balanza digital inteligente. El dispositivo registró pesajes nocturnos automáticos de 54 kilos en fechas en las que ella no estaba en la vivienda.
El factor del error humano combinado con la inmensa huella digital que dejamos en cualquier rincón del internet hace que ocultar un secreto sea una tarea prácticamente imposible en la actualidad.